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La Coctelera

oiradarío

Me gustan las palabras.

Categoría: Filosofía barata

25 Marzo 2009

Sólo un paso

Dice la sabiduría popular que del amor al odio hay sólo un paso. Por mucho que me he resistido a creerlo, no fue sino hasta que lo experimenté que quedé convencido de que el vox populi suele saber lo que dice. "Sólo un paso", reza la frase, y parecería absurdo intentar defender la idea. ¿Cómo va a ser que se pueda viajar tan inmediatamente de un sentimiento tan positivo y puro como el amor hacia otro tan terrible y cargado de rencores que no se apagan? ¿Será que, si el amor que sentías se convirtió en odio de forma tan fácil, en realidad no se trataba de amor, en primer lugar? ¿O que te estás engañando al creer que sientes odio cuando la verdad es que sólo estás intentando encubrir algún dolor y la patética permanencia de tu amor?

No soy yo quien intente explicar qué es el amor o a qué nos referimos exactamente al hablar del odio. De seguro hay un montón de textos al respecto, y me imagino que la psicología nos lo puede decir de forma mucho más lapidaria. Sin embargo, me atrevo a opinar algunas cosas que podrían ponernos en la pista del entendimiento.

¿Cómo puede ser que haya sólo un paso?

Si entre dos cosas sólo hay un paso de diferencia, de seguro se debe a que son muy cercanas. Esta hipótesis puede parecer hasta trivial, puede que sea una clave para entender el fenómeno: el amor y el odio son muy similares. Cuando amas, se supone, no piensas en ti y te entregas por completo a la otra persona. En cambio, cuando odias no piensas en nadie más que en ti mismo y el momento en lavar tu afrenta o desquitar tu coraje. Entonces, y suponiendo que de verdad el amor y el odio son muy similares, ¿no será que el amor también es un acto egoísta en su raíz? Porque amar no es altruista: no amas a quien lo necesita, sino amas porque tú lo necesitas, y eliges a quién amar dependiendo de tu gusto, tu apetito, tu carencia. Amar es algo que, al contrario de lo que dice la canción, cualquiera puede hacer siempre y cuando decida ignorar o eliminar el miedo y entregarse, abandonarse.

Pero, ¿a quién te abandonas? ¿a la otra persona? ¿o al futuro, al giro que puedan tomar las cosas? Sí, por supuesto que te abandonas a la otra persona y a lo que dicte su voluntad -hasta cierto límite, de preferencia-. De modo que, de alguna extraña manera, al amar te desprendes de ti mismo y te pones en las manos de alguien más, y sin embargo lo haces porque lo necesitas y quieres creerlo. Probablemente el odio al que se refiere el dicho, es decir, el odio que ocurre como conclusión del amor, también es un acto en el que nos abandonamos al ser odiado y seguimos sus pasos en la mente no sólo porque necesitamos satisfacer nuestra sed de revancha o calmar el rencor, sino por hacer algún tipo de homenaje al ser odiado y vencer a eso que nos sacude: ¿miedo? ¿dependencia? ¿resignación? 

La burbuja rosa

Cuando amas de esa forma ciega y total, creas una capa protectora encima de tu ser amado, una burbuja de un rosa traslúcido que convierte cualquier actitud, reacción o comentario en un lindo momento. Por eso, cuando estás ahí, no notas si tu persona amada tiene pésimo gusto musical, o si ese interés que demuestra en tu trabajo es real, o si está llena de prejuicios, complejos o supersticiones absurdas. Cualquier comentario negativo acerca de este ser amado se desintegra al entrar en contacto con la burbuja mágica y esto les permite habitarla durante el tiempo que sus voluntades puedan mantenerla viva.

Cuando, sin embargo, pasas al odio ciego, al límite del rencor almacenado, no es que la burbuja haya explotado. Muy por el contrario, sigue existiendo, pero ahora es completamente negra, y aún las cosas buenas que logran pasar por el campo de fuerza se convierten en negativas. Ahora es cuando empiezas a odiar los programas que ella miraba en la tele, los paisajes que le parecían hermosos y hasta los autos que son del mismo modelo que el suyo.

¿Qué habrá ocurrido? ¿Se desintegró una burbuja y se creó la otra? ¿O será más bien que el amor arrebatado es un ente que, cuando sufre una decepción o un daño suficientemente grande, se envenena como si fuera un garrafón de agua pura al que se le inyectara petróleo? ¿Será entonces que al amor no se le mata sino se le pervierte?

El estado alterado

Amar es un estado alterado de la conciencia. El odio también. El primero se compone casi completamente de sentimientos bellos y puros; el segundo de pensamientos negros y agresivos. Pero, si el amor y el odio son tan parecidos, ¿será posible que haya algún grado de belleza en estos sentimientos negativos? Se me ocurre que quien odia está, de alguna manera, enamorado de odiar y se aferra a ello como en su momento se aferró a su amor. Lo único que le produce una sensación similar a aquél amor es seguir guardando esa colección de pequeños trozos de ira para juntarlos y encontrarle significado a lo que antes era inmaculado y perfecto.

Quizás esta es la explicación por la cual, muy a menudo, quien amaba y se siente traicionado decide no dejarlo por la paz y decir "OK, yo perdí", o "Bueno, todos perdimos" o incluso un "El mundo fue quien perdió cuando murió este amor", sino que sigue insistiendo, puesto que ya es adicto al rush de sentir algo profundo por alguien y encontrar a través de ello un objetivo y una razón.

Final ligero

Me leo y me doy cuenta de que estoy incurriendo en falta: o simplifico de más o caricaturizo ambos sentimientos. Yo me he encontrado en situaciones similares, y he sido quien amó con pasión desenfrenada para luego, de un plumazo, pasar al odio exacerbado. También he amado con moderación para luego ver el sentimiento diluírse y morir en el olvido, e incluso he recorrido el camino amor-odio-amor-desesperación-indiferencia-amor-etc. He sido víctima y victimario, criminal y sacrificado, alumno y maestro. Me he declarado en guerra después de amar tan sólo una semana, y me he esfumado cobardemente después de derramar mi amor en cartas de varias páginas.

Sin embargo, creo que las conclusiones e ideas que han sido exageradas aquí sí tienen un equivalente en la vida real y ocurren en los casos más gloriosos y en los más mundanos. Creo que quien decide odiar a quien amó lo hace porque quiere continuar la relación, porque no se resigna a perder aquéllo que le hizo tan feliz. Si, además, decide buscar una venganza, quizás no es porque el alma se le haya envenenado sino porque necesita sentir que la otra persona sufre un daño equiparable al suyo. Pero de este tema escribiré en otro post...

Por lo pronto, ¿qué opinas?

Tags: amor, odio

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12 Octubre 2006

Cuándo termina tu adolescencia

Estoy en un Starbucks, esperando que dé la hora de dirigirme a una cita de trabajo. A esta hora (4:00 PM) el café está lleno de jovenzuelos imberbes, sólo habemos dos ratones de biblioteca con laptop, el resto de los comensales tienen entre 13 y 17 años. No son simpáticos a pesar de que se ríen y se ríen, y el día de hoy nos honran con toda la gama de personalidades: la gritona y extrovertida, los novios embelesados en sus mutuas caras, los que intentan aparecer como dueños de la situación, la novia hermosa y platicona con el novio patán y manilargo,..
Una característica común de todos los seres de aquí es que son fresitas (en México, así se les llama a los burgueses, plásticos, superficiales).
Hace unos tres años, después de un par de ocasiones similares a la de hoy, noté que ya no me molestaban como antes (yo nunca fui fresa, según yo estaba en un punto medio) y que incluso me causaban simpatía. Pensé "entiendo que son inseguros, y están descubriendo qiuénes son, qué los define, qué les gusta hacer, qué es socialmente aceptado".
Pero hoy descubro que no hay más simpatía para ellos. Me desesperan, Me molestan. Es un enojo sin desprecio, un poco inexplicable. Y es que apenas lo noté: Mateo (mi hijo de un año) algún día se convertirá en uno de estos personajes, quizás se parezca al puberto de cabello chino, brackets y postura despatarrada que desde aquí adivino insegurísimo, o como la gritoncita que repite y repite el mismo chiste, o el niñito que se ríe de cualquier cosa que dice la gritona para parecer "en onda", o el noviecito con cabello a la Marilyn Manson y pulsera de picos, o...
Y siento feo. Es muy extraño imaginarme su personalidad a partir de la que tiene hoy día, en que todo es sonrisas, risas, juego yun poco de berrinche, con un mucho de concentración y curiosidad. Tantos y tantos vicios que llegarán a él provenientes del entorno, de la moda, de lo que muestren en la TV, y tristemente, de mí. Jugará probablemente a parecer rudo, hablará gritando las palabras altisonantes para que todo mundo vea que no tiene vergüenza; andará con los calzones a la vista porque los pantalones serán tres tallas más grandes que la correcta; hablará -ugh- cantadito, alargando la última vocal: "¿ya llegasteee?", "qué hueva, güeeyyyyy", etc. ¡Pobre chaparrito! No estará con él su papá, por supuesto, para ayudarle, para decirle que no se vaya con la finta y que sea él mismo, para "soplarle" una respuesta ingeniosa ante un chiste de esos que llevan jiribilla...
Y por supuesto que no estará ahí su papá con él, no lo necesitará (espero), estará muy lejos del bebé que es hoy, que necesita que lo carguen o remolquen a cualquier lugar que esté más allá de una puerta cerrada o unas escaleras, que no habla y por lo tanto no puede todavía pedir unas quesadillas de desayunar porque hoy no se le antojan huevos estrellados, que, en fin, depende completamente de sus padres para vivir. Es raro imaginar todo esto, y al mismo tiempo sé que para cuando el momento llegue, los tres estaremos más que preparados, habremos pasado ya por los difíciles 3, los divertidos 5, los activísimos 8, los primeros reportes de la escuela, quizás incluso la primera novia, las rebeldías sin sentido, la necesidad de independencia hasta para vacacionar, etc.
Así que adiós adolescencia de Darío, adiós llegar a la hora que sea o tomar vacaciones espontáneas cualquier fin de semana, adiós a pensar "qué me importa que las nuevas generaciones estén echadas a perder, ese no es mi asunto". Hola, paternidad.

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15 Marzo 2006

Envidia a todos los niveles

Hoy, vía BoingBoing, descubrí el video de un juggler (malabarista) que hacía una rutina con 5 pelotas a la vez, pero al ritmo de Golden Slumbers / Carry that weight de los Beatles. Me pareció maravilloso aunque un poco raro porque el video estaba acompañado de una serie de quejas y dardos dirigidos hacia un tal Chris Bliss.
Investigando un poco más, encontré el video de Chris en YouTube. Es una rutina mucho más artística, un poco teatral y dramatizada, realizada sólo con 3 pelotas, cosa que aparentemente es casi tan sencillo como intercalar las piernas izquierda y derecha al caminar. Al menos así es para Jason Garfield, el de las 5 pelotas. Quien, ofendido por la cantidad de personas que le enviaron por mail la liga para ver el video de Chris Bliss, decidió copiar su rutina, truco por truco, pero añadiéndole dificultades técnicas (además de las 5 pelotas): giros de 360 grados, lanzamientos más altos, y otras cosas que mi poco entrenado ojo es incapaz de detectar.
Sin embargo, la rutina de Chris Bliss es mucho más vistosa y sigue con mayor fidelidad el ritmo y los guitarrazos de la canción, que es de por sí emotiva. Además, expresa mucho mejor los estados de ánimo, y para ello ayudan mucho el escenario y la plasticidad -un poco torpe, hay que decirlo- de Bliss.
Ahora bien, aparte de mi opinión, es de notar que algo así genere tal indignación. Que no es poca (link hacia la página de Jason Garfield donde nos abre su corazón). Y más que indignación, creo detectar envidia. De la fea. De la que nos hace ver como niñitos que no sólo quieren tener una paleta como la del vecino, también quieren que el vecino se quede sin paleta. Es increíble cómo Jason, en teoría un malabarista exitoso, nos dice cosas como "yo puedo acompañar con 3 pelotas cualquier canción que me pongan, incluso si nunca la he oído", o "yo podría enseñar a CUALQUIERA, con habilidades motoras básicas, ni siquiera excepcionales, a hacer esos mismos trucos en una hora". Es como si yo llenara mi blog de afirmaciones de que canto mejor que Enrique Iglesias (bueno... no es algo tan difícil de superar).
Pero supongo que en todos lados se cuecen habas. Debe ser realmente molesto dedicar 6 horas al día a practicar los malabarismos con pinos, pelotas, cuchillos, tostadores, qué sé yo, para que un "aficionado" se lleve todos los aplausos. Y es que no siempre lo más exitoso es lo mejor...
Les recomiendo que vean ambos videos. La experiencia probablemente es distinta dependiendo de cuál vean antes. Pero, de todos modos, ya les arruiné gran parte de la sorpresa con tooodo este rollo que acabo de tirar... :-)
Actualización: Descubro con sorpresa que Seth Godin también tiene algo que decir al respecto. Como siempre, es algo inteligente y profundo. Como siempre, yo me quedé en la superficie...

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2 Febrero 2006

La naturaleza borreguil, digo, humana

Del blog de Jason Kottke extraigo esta anécdota: jugando en línea, utilizó el seudónimo "jkottke", y más rápido que canta un gallo algunos otros jugadores utilizaron estos nicks:
jkottkesucks
kottkesucks
jkottkesucksass
ihatekottke
yes no one likes kottke

Jason se lo toma ligero, recordando la anécdota de la película "Being John Malkovich" (otra para la lista, se me olvidaba!) en la que Malkovich es abandonado en la carretera y un idiota anónimo que pasa en su coche le tira una lata vacía de cerveza mientras le grita: "¡Hey Malkovich, piensa rápido!"

- pausa para pensar -

¿Por qué es así la gente? Me parece que es más fácil agredir cuando se puede hacer anónimamente; estoy seguro de que esos mismos idiotas que se firmaban como "jkottkesucks" le harían nerviosas reverencias si se los presentaran en un congreso, o si tuvieran que hacerle una presentación...
O por otro lado, ¿será este un comportamiento típico de ciertos países? Porque en México, me parece más probable que, si alguien se topa con Joaquín López Dóriga en la carretera, por mucho que lo aborrezca le ofrecería ayuda y hasta le daría un aventón, ¿no creen?
Entonces ya no sé en qué quedamos. Está claro que la reacción ante las celebridades es extrema, sea hacia el lado del repudio o hacia la adoración, y casi nadie está exento de ello... Y para aumentar mi confusión, está el factor masas: siempre es más fácil aventar la piedra y esconder la mano si hay 200 personas con sus 400 manos para confundir al enemigo...
Me vienen a la mente una frase atribuida a Henry Kissinger, que dice "lo bueno de ser famoso es que, si estás con otra persona y los dos se aburren, el otro piensa que es por su culpa".
O también, como en la película The Inner Circle, cuando el protagonista, un oficial cualquiera de la KGB, conoce a Stalin, temblando le dice que está muy nervioso por conocerlo, y Stalin replica "¿Por qué? Yo tampoco te conocía y no me siento nervioso". Y la camarilla del dictador se ríe como si hubiera escuchado el mejor chiste de la historia...

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16 Enero 2006

El instante en el que estamos

El viernes Mateo cumplió tres meses. Es un hito en la vida de una persona, cumplir tres enormes meses de vida. Al menos en mi mente, marca el inicio de una serie de cosas que antes no podíamos hacer con él: empezar a dibujar un intento de educación, ponerlo a convivir más con animales (en casa tenemos 4 gatos y 3 perros, así que es todo un issue), cambiarle algunos hábitos de alimentación, juego, y hasta sueño. Ya no es un recién nacido, ya es una personita que hace sentir cada vez más su presencia en la familia, y ahora ya es capaz de expresarse con mucho más éxito que antes.

El viernes que cumplió los tres meses, estuve acordándome de algunas cosas que ocurrieron en sus primeras dos semanas de vida, sobre todo el pánico que yo sentía por lograr ser un padre eficiente, por ser suficientemente bueno, por la duda de si Mateo podría quererme. Nunca sabía interpretar sus llantos y generalmente hacía lo opuesto a como reaccionaría ahora. Cada noche que lograba alimentarlo y dormirlo exitosamente, era un triunfo.
Jaja. En ese momento, esbocé una sonrisa, algo socarrona. "¡Qué inexperto e ingenuo era!". Y de eso han pasado sólo tres meses.
Pero la displicencia desapareció cuando pensé en el padre que voy a ser dentro de seis meses, y dentro de dos años, y el de aquí a cinco años. Entonces seguramente voy a mirar hacia el pasado, hacia el instante que estamos viviendo actualmente, y también lo miraré con una sonrisa socarrona, congratulándome sobre lo mucho que habré madurado.
Me río del que fuí hace dos meses. Me río por adelantado del que soy ahora. Supongo que es bueno no tomarse a sí mismo demasiado en serio.
Gracias Mateo por provocarme todo esto.

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21 Diciembre 2005

Los anuncios en GMail: todavía hay quien hace las cosas con cariño

Interrumpo este silencio bloguístico para informar de algo realmente vano y superficial. Pero es que quería ser el primero en decirlo :-)
Y es que encontré algo en los anuncios de GMail que me hizo sonreír. Y agradecer.
Todos los que tenemos gmail hemos notado los "anuncios contextuales" que nos pone. Recuerdo que fue en su momento motivo de controversia, había quien clamaba invasión a la privacía. Y supongo que tenían razón: el servidor de GMail sabe todos mis secretos :-). A veces me sorprendo cuando los anuncios parecen adivinar el contexto de los correos que envío y recibo...
Desde hace una semana, se les ocurrió otra forma creativa de llamar nuestra atención, poniendo una banda de avisos, similar a los tickers de cotizaciones de la Bolsa, por encima de los botones de acción de la aplicación. Ahí aparecen normalmente ligas hacia noticias de último momento, artículos populares, y creo que incluso uno puede personalizar las fuentes de esos comentarios.
Todo esto no es nuevo, me dirán. De hecho no lo es. Pero hoy, borrando algunos correos que no quería tener más en mi inbox, descubrí que este "ticker" también depende de la sección en la que estés. Por ejemplo, en la sección Trash, te ofrece solamente textos sobre reciclaje ("No hay límite en el número de veces que el aluminio puede reciclarse", "El papel reciclado requiere 60% menos energía en su elaboración que el papel nuevo"), y en la sección Spam, hay recetas de cocina utilizando el famoso spam...
Cuando una compañía se da el tiempo para intentar divertirnos sin haberlo pedido, se agradece. Es un regalito. Muy pequeño. Pero inesperado y divertido. Parece que en Google fomentan esta actitud. Recuerdo cuando salió Google Moon, una aplicación similar a Google Maps, en honor al aniversario del primer aterrizaje tripulado en la luna. Todo muy bien armado, como suele hacer Google. Pero cuando seleccionas el nivel máximo de zoom... bueno, mejor no revelo el final, para no arruinárselo a quien no lo conoce. Baste decir que por fin se desvela la verdad sobre la leyenda que durante siglos nos han contado nuestras madres. Venga, haz la prueba. El link abre en una nueva ventana. Google Moon.
¿Has visto? Es a lo que me refería. Creo que no es poca cosa.
Y como este post, que había planeado en un par de líneas, ya se volvió el mamotreto habitual, aprovecho para ofrecer una invitación a gmail a todo el que la solicite en los comentarios de este artículo.

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6 Diciembre 2005

Una lección de cómo no bloguear, de parte del mejor bloguer del mundo

Orsai es el blog del periodista argentino Hernán Casciari. Él, para quien no lo sepa, es el autor de Más respeto, que soy tu madre, premiado hace poco como el mejor blog del mundo, nada más y nada menos.
Hace unas semanas que sigo Orsai. Cada nuevo artículo me hace desternillar de risa y provoca, como efecto secundario, gruñidos de desaprobación de Andrea porque la despierto con mis carcajadas de boca tapada. Este post, una variación sobre El otro de Borges, y este otro, sobre abogados, doctores y putas, son una muestra del ingenio y talento de Casciari. Escribe bonito, ligero, sencillo, y para colmo de males, gracioso. Para matarlo.
Pero dos artículos me cortaron la risa: "36 horas disfrazado de bloguer", trabajo práctico y conclusión teórica. En el primero, se pone en los zapatos de un bloguer estándar, descuartizando, una a una, las prácticas de todos nosotros (<suspiro>): los que escriben un post con cuatro líneas, los que ponen links divertidos, los que se citan a sí mismos, los que escriben cualquier idiotez, o que ponen ligas a mujeres en pelotas, el último gadget o datos insulsos. En el segundo artículo, como si no hubiera sido suficiente con el otro, sigue la andanada: afirma que hay quien escribe su blog sin saber para qué lo hace (¿¡existe gente así!?), y que un absurdo sobre el absurdo es la gente que se dedica a sacar estadísticas y números sobre los bloguers. Luego procede a desmenuzar todas las cosas que hizo mientras fue bloguer, para anunciar por fin que le pareció aburridísimo no tener nada que decir, en comparación con tener una buena idea cada más tiempo.
Argh. No pude evitar ponerme el saco. ¿Qué vicios tengo yo, de los ennumerados por Hernán? ¿Qué otros vicios? ¿Por qué escribo en mi blog? (dos razones principales y válidas: platicar de Mateo y mejorar mi estilo; pero han surgido motivos marginales superfluos, como contar las visitas, recibir muchos comentarios, y hablar de cualquier cosa que me venga a la mente. Vergonzoso.) El artículo habla de casos límite, pero de todos modos me pude ver reflejado en más de un comentario sarcástico...
En fin. Creo que me ha llegado el mensaje. Lo he comprado. A ver si se vienen repercusiones en este blog.
Lo más humillante es que, durante las 36 horas que Casciari estuvo de bloguer, se triplicaron las visitas y tuvo 210 comentarios. Suspiro otra vez.


 

Su último post (o artículo, ya me intimidó), sobre los sueños, también es una maravilla. Marcador: seis "¡Pffffffff!" y dos gruñidos de Andrea.

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3 Noviembre 2005

Dedicado a los idiotas

Todos somos un poco tontos. En algún sentido. Quizás eres neurocirujano y tus manos son el instrumento de Dios, pero quizás no puedes bailar merengue sin pisar a tu pareja y a cualquier inocente vecino de pista. O eres un crack del futbol y le das consejos técnicos a Beckham, pero cada vez que platicas con tu novia del colegio, sólo aciertas a balbucear estupidez y media. En fin. Cada quien tiene una o varias áreas de experiencia en las que se siente cómodo, pero otras miles en las que no. Es natural. Pero eso no significa que uno sea un idiota para ello. Nadie llamaría "idiota" a Michael Jordan si pierde en el ajedrez contra el nivel más básico del GameBoyMicro, o si un plomero no reconoce la diferencia entre Schubert y Chopin.
Soy un intolerante, lo reconozco. Sin embargo, no llamo "idiota" a quien hace mal las cosas. Le doy ese nombre a quien, careciendo de talento / preparación / experiencia / intuición en un ramo, decide que le importa poco y sigue ejerciéndolo de todos modos. A veces, yo lo sé, la realidad supera a la utopía, y no hay otra alternativa: viene a la mente la clásica historia del biólogo marino que maneja un taxi, o la señora que durante años tuvo que fingir que se había matriculado en economía (sin embargo, casos como este son un extremo). Pero los que no tienen perdón son los que ejercen, hacen, deshacen, y cometen torpeza tras torpeza durante años, y de todos modos siguen sin prepararse, sin buscar otra área donde sí funcionen, o de plano admitan públicamente que no son aptos para la tarea que les ha sido encomendada y renuncien. Estos son los que, perdón, pero para mí merecen el apelativo de idiotas.
Como ejemplo de idiotas públicos, se me ocurren los "comediantes" que tenemos en México (vienen a la mente Ortiz de Pinedo, Carlos Espejel, Reynaldo no-sé-qué), TODOS los del partido Verde, los actores de Televisa que llevan 100 telenovelas y siguen sin poder hacer el más básico gesto de sorpresa (piensa en Victoria Ruffo o la peor, María Sorté), los tontísimos secretarios de Estado que tenemos (sobre todo Carlos Abascal, quien cree que parte de su agenda como Srio de Gobernación es opinar sobre temas religiosos y culturales). También me parecen idiotas los mediocres futbolistas mexicanos, todos millonarios pero absolutamente faltos de cualquier talento y condición física (Cuauhtémoc, ¿cómo jugarías si bajaras esa panza?). Y qué me dicen de Adal Ramones, conduciendo Bailando por un Sueño, demostrando más allá de cualquier duda que su único mérito, sus famosos monólogos, son 100% leídos y nada de lo que dice es fruto de su creatividad. Idiotas ejemplares son los cantantes que no cantan ni componen ni tocan nada, como Paulina Rubio o Enrique Iglesias.
En fin: no soporto a los idiotas. No comprendo cómo alguien puede decir "hola, soy actor" o "yo trabajo para México" y poder mirar a los ojos al espejo. No hay pretexto para quien sigue siendo inepto realizando un trabajo por el cual recibe un sueldo. Me es imposible entender a alguien que trabaja en sistemas, por ejemplo, y decide sentarse en su conocimiento, a sabiendas de que, en esa área, no actualizarse significa la obsolescencia. Y tengo peor opinión de aquellos idiotas que no sólo no se capacitan o renuncian, sino que desde sus pedestales se dedican a lanzar sus dardos contra "los nuevos", fomentando aún más la mediocridad y el estatismo.
A todos los idiotas: por favor, un poco de autocrítica. Mientras más pública sea su idiotez, más daño hacen a la sociedad, que inicialmente intentará imitarlos y quizás hasta superará su idiotez. No digo que todo tenga que hacerse con excelencia. Tan sólo hagan las cosas tan bien como puedan. Nuestros niños se lo agradecerán.

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Sobre mí

En este espacio puedes leer cosas personales y temas que revolotean en mi cabeza. Muchos de los artículos que verás aquí son más producto de la necesidad de sacarlos de una buena vez por todas que de una sesuda estrategia y planeación del tema. A veces me meto en problemas intentando salir airoso del asunto que me ocupa, y casi siempre, cuando miro por el retrovisor y leo lo que escribí años o meses antes, me quejo y me quedo con las ganas de rehacerlo.
También soy un aficionado profesional a la tecnología y todo lo que tiene que ver con el internet, los sitios y los avances. De ello escribo en este otro blog, en un intento de no mezclar los temas en los que sólo divago de los que sí tengo una idea más concreta.



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