Categoría: Mateo
12 Julio 2007
Hoy es mi cumpleaños. Cada año me esfuerzo por pensar en que este día es un día como todos los demás, sin nada especial, pero no puedo evitar irme a dormir cada 11 de julio con la ilusión de "¡mañana es mi cumpleaños!" y me duermo con una sonrisa, como niño que espera que el ratón le traiga dinero por su diente. Al final, claro que es un día como cualquier otro del año, pero para mí y para otros 20 millones de personas es uno que transcurre lentamente, en el que cada segundo de cada minuto se siente uno como animado por un calorcito especial que emana desde dentro, una sensación de pequeño nerviosismo que dura 24 horas, y miramos a los demás, incluso a los que no tienen peregrina idea de que es nuestro cumpleaños, con cara de "¿qué no me vas a felicitar?".
Bueno, al menos a mí me pasa todo esto. Desde niño, mi cumpleaños ha sido celebrado ruidosamente, y, aunque en realidad no siempre me hicieron fiestas enormes -más bien casi nunca fue el caso-, con estar con mi familia y la gente a la que más quiero, y sentir que cada uno de ellos quería que yo me sintiera especial ese día, era más que suficiente. Conforme el tiempo fue pasando y fui creciendo, me dí cuenta de que, si quería que la gente me felicitara, no podía esperar que se acordaran de la nada que era mi cumpleaños, de modo que siempre, desde una semana antes, iba avisando a toda la gente cercana a mí que ya se avecinaba mi día. Pensaba, y pienso, que lo importante es recibir cariño, aunque haya hecho falta darle una ayudadita.
Durante buena parte de mi adolescencia, mi cumpleaños significó un parteaguas en el año, y en vez de hacer propósitos de año nuevo, los hacía para este día. Casi siempre me deprimía un poco por ahí de junio y principios de julio -adolescente, después de todo- y justo una semana antes de mi cumpleaños empezaba a sentirme mejor. Ni qué decir que el resto de julio, todo agosto y a veces hasta septiembre me duraba el empujón que me daba el haber cumplido años y ver a mi gente querida.
Al final de cada 12 de julio, por la noche, la mente se me sensibiliza y hago un pequeño recuento del día; pienso siempre que mañana, 13 de julio, será otra vez un día normal pero que habré cumplido un año más, y sobre todo estaré recargado por todas las felicitaciones, abrazos y uno que otro regalo. Que por cierto, los regalos son fabulosos, no importa el tamaño o precio: un avión de papel que diga "¡Felicidades!" puede ser mucho más lindo que una camisa del más fino almacén. O una sonrisita de mi hijito Mateo, que está cerca de cumplir 2 años, y que es lo que más me emociona de todo el día. Dentro de un rato, voy a estar con él, y tan sólo pensar que se va a emocionar por soplarle a las velas y me va a dar un abrazo -seguramente no entiende bien bien por qué será el abrazo, pero es lo de menos-, hace que unas lagrimitas empiecen a asomar en mis ojos.
Pues bien, este es el primer post que publico en meses, y sí, sólo con la oculta intención de recibir cientos de comentarios de felicitación. Espero que la Coctelera no se haya olvidado por completo de mí, juro solemnemente que he seguido leyendo a todos los de siempre, y que si no he posteado ha sido porque no he encontrado el tiempo.
Así que bueno, ¡hoy es mi cumpleaños!
servido por darius
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3 Marzo 2007
Encontré esta página vía Boing Boing, es el sitio de un ¿pintor? ¿diseñador? ¿ilustrador? que hace principalmente retratos, basándose en fotografías casi siempre, pero siempre utilizando medios digitales y sin calcar las fotos ni nada parecido. Los resultados son extraordinarios, para muestra un puñado de botones:
http://www.calirezo.com/site/images/03-PORTFOLIO/01-peintPERSO/objets/026_Mina.jpg
http://www.calirezo.com/site/images/03-PORTFOLIO/01-peintPERSO/objets/004_Max.jpg
http://www.calirezo.com/site/images/03-PORTFOLIO/01-peintPERSO/myriam/genie.jpg
http://www.calirezo.com/site/images/03-PORTFOLIO/01-peintPERSO/myriam/proue.jpg
Es impresionante que Cali (http://www.calirezo.com/ ) nunca utiliza pluma, papel o algún medio tradicional para el dibujo, sólo usa el mouse, supongo que alguna tableta digitalizadora, paciencia, y su talento inmenso.
Pero ahora que lo pienso, mejor que no haga mi retrato, yo estoy demasiado feo. Que se lo haga a Mateo , el bonito de la familia.
servido por darius
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16 Enero 2006
El viernes Mateo cumplió tres meses. Es un hito en la vida de una persona, cumplir tres enormes meses de vida. Al menos en mi mente, marca el inicio de una serie de cosas que antes no podíamos hacer con él: empezar a dibujar un intento de educación, ponerlo a convivir más con animales (en casa tenemos 4 gatos y 3 perros, así que es todo un issue), cambiarle algunos hábitos de alimentación, juego, y hasta sueño. Ya no es un recién nacido, ya es una personita que hace sentir cada vez más su presencia en la familia, y ahora ya es capaz de expresarse con mucho más éxito que antes.

El viernes que cumplió los tres meses, estuve acordándome de algunas cosas que ocurrieron en sus primeras dos semanas de vida, sobre todo el pánico que yo sentía por lograr ser un padre eficiente, por ser suficientemente bueno, por la duda de si Mateo podría quererme. Nunca sabía interpretar sus llantos y generalmente hacía lo opuesto a como reaccionaría ahora. Cada noche que lograba alimentarlo y dormirlo exitosamente, era un triunfo.
Jaja. En ese momento, esbocé una sonrisa, algo socarrona. "¡Qué inexperto e ingenuo era!". Y de eso han pasado sólo tres meses.
Pero la displicencia desapareció cuando pensé en el padre que voy a ser dentro de seis meses, y dentro de dos años, y el de aquí a cinco años. Entonces seguramente voy a mirar hacia el pasado, hacia el instante que estamos viviendo actualmente, y también lo miraré con una sonrisa socarrona, congratulándome sobre lo mucho que habré madurado.
Me río del que fuí hace dos meses. Me río por adelantado del que soy ahora. Supongo que es bueno no tomarse a sí mismo demasiado en serio.
Gracias Mateo por provocarme todo esto.
servido por darius
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14 Diciembre 2005
Hoy Mateo cumple dos meses. ¡Dos meses! No sé en qué piensan los miles de aguafiestas que se dan a la tarea de decirnos a los padres primerizos "disfrútalo, porque crecen rapidísimo y antes de que te des cuenta ya están en la escuela". ¡La escuela! La veo lejos, lejos. Si los logros de Mateo son, hasta ahora, dejar de hacer bizcos, seguirte con la mirada, y decir "gu". Ya también entiende tonos de voz y ha dejado ver que es extremadamente sensible: un día que su mamá y yo tuvimos una riña, estuvo todo el día chille y chille, y ayer que Andrea lo mini-reprendió por estar perdiendo el tiempo mientras toma pecho, hizo tremendo berrinche y se negó a seguir comiendo.
Pero ¡uy! todavía falta un poco para que empiece a reconocer su nombre, un poco más para que entienda algunas palabras, otros meses para que intente emitirlas,.. Lejos están todavía los gateos, los primeros pasos, la primer palabra, las carcajadas, las rebeldías, las travesuras... de modo que en verdad no imagino cómo es que alguien podría pensar que este tiempo se va rapidísimo. Supongo que el tiempo me lo explicará.
Las tomas de pecho. Es algo digno de comentarse. Esos momentos son un espectáculo. Normalmente hay que ser muy respetuosos con el hambre de Mateo: una pequeña tardanza puede ser castigada con un mar de llanto y gritos desaforados. Pero Andrea tiene la suficiente calma para no desesperar, y dejar que Mateo solito vaya encontrando su camino hacia el pecho. Mateo empieza a olisquearlo, inmediatamente se da cuenta de que está cerca de la ansiada fuente de su alimentación, y se acerca, con los ojos entreabiertos y sin hacer un ataque frontal. En vez de eso, se aproxima lentamente, abre la boquita, se queda a unos 3 ó 4 cm del pezón, empieza a describir pequeños círculos con la cabeza, cachondeando el momento. Le habla, lo regaña si es que se tardó en ser desenfundado. De pronto, y como no controla perfectamente sus movimientos, uno de ellos hace que roce el pezón: Mateo sigue en su danza pero ahora más cerca, disfrutando el momento y dejándolo simplemente ocurrir, sin prisas. Han pasado ya unos 45 segundos desde que empezó a acercarse al pecho, y sólo entonces es que da la acometida final, abarcando firmemente el pezón con la boca completamente abierta y los cachetes listos para succionar. Cuando esto ocurre deja salir unos suspiritos que hacen que los calcetines o las medias, dependiendo del portador, se bajen hasta donde los zapatos impiden que caigan más.
Y que no se me olvide comentar la cara de Mateo cuando termina el festín y se separa del pecho: sólo es comparable a la expresión de un león después de un buen día de caza. Los ojos mirando hacia adentro, la cara embarrada de leche, la satisfacción purulando por su rostro. Da envidia a cualquiera.
Nosotros estamos felices y veo que a Andrea no le ha pesado estar todo el día básicamente atendiéndolo, más bien al contrario. A mí cada vez me cuesta más salirme al trabajo, de modo que en la oficina ya ni aspiran a verme llegar temprano. Las desveladas también ayudan a este estado general de sueño, pero no me quejo. Este regalito que nos llegó de nosédónde vale cualquier desvelón.

Así que ¡feliz cumplemes, Mateo! Que cumplas muchos más. Unos 1,200, por lo menos...
servido por darius
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3 Noviembre 2005
Quise escribir este pequeño recuento antes de que todo se me olvidara. Es una breve historia de 20 grandiosos días. Me dicen los padres experimentados que el tiempo se va volando, que cuando menos los esperas, ya estás tomando la decisión de qué universidad es la ideal. Pero me decían lo mismo del embarazo. Extrapolando, creo que no aplica a mí. Estos 20 días ocupan el 40% de mi memoria a corto plazo.
Intentaré ser breve y no aburrir demasiado al lector ocasional. Pero advierto que el post pinta para ser largo...
Día -1. 12 de octubre, 2005. Desde temprano, Andrea y yo nos vamos al hospital, para intentar la inducción del parto. Andrea tiene ya 41 semanas de embarazo y por consejo del médico, hay que inducir porque no es conveniente que esté mucho más tiempo ahí dentro. Es un proceso largo: la primera pastillita se la aplican a las 10:00 AM, la siguiente revisión será a las 5:00 PM. Mientras tanto, a caminar, y caminar, y caminar, con la esperanza de que Mateo o el útero de Andrea hagan que se dispare todo el proceso.
5:00 PM: Parece que sí se disparó. ¡Ya estamos oficialmente en trabajo de parto! Tres contracciones cada 10 minutos. Muy buenas. El doctor nos manda a relajarnos y esperar. Una noticia parcialmente mala, sin embargo: no hay todavía dilatación y Mateo no se ha encajado. Ni modo.
Día 0. A las 12:30 AM, nueva revisión del doctor y malas noticias: por alguna razón, el trabajo de parto se hizo irregular. Sigue sin haber dilatación. Aparentemente, aplicar una nueva pastilla de Misoprostol o de plano oxitocina no es una buena idea. El tiempo probará que es correcto.
A las 2:00 PM, última revisión del doctor, y lo que temíamos: no hubo señales de inicio de parto, procederá a operar a Andrea. Todo esto nos toma de sorpresa, todas nuestras energías se habían enfocado en ser muy positivos y creer que sí se lograría finalmente tener un parto acuático.
Las cosas suceden muy rápido, no me permiten ver a Andrea sino hasta que ya está en quirófano, y para entonces ya está totalmente sedada, dormida. Me informan que estaba muy nerviosa. De aquí en adelante, asisto al parto de Mateo yo solo, y como ya lo dije en mi post previo, un 50% de mí no estaba consciente.
A las 3:22 PM nació Mateo. Hermoso, enorme. Llorón. Al principio sus gritos todavía están llenos de agüita y no sé si preocuparme. Un minuto después, ya llora normalmente, como recién nacido de película. ¡Qué poco sabía yo que ese mismo llanto era el que llenaría los siguientes meses (¿años?) de mi vida!
Ese mismo día, montones de amigos y parientes visitaron: Gaby y Beto, por supuesto, Mariana, las abuelas, Esteban, Mirén y Javier, Ana, Alberto, Óscar, Eneida,.. muchísima gente todo el día. Mientras tanto, los efectos de la paternidad no se dejan ver aún, puesto que todos cargan y alimentan a Mateo con el mayor gusto, en la noche las enfermeras se lo llevan para relevarnos,.. y está bien, ahora la que tiene que descansar y recuperarse es Andrea. El papá importa también, pero no tanto: él ni acaba de nacer ni de ser operado. Ya sacará energías de algún lugar.
Una anécdota graciosa, ese mismo día: mi mamá se queda en la casa para cuidar a los perros, pero la señora que hace el aseo cerró con candado. Al final tuve que lanzarme a la casa, saltarme desde la casa del vecino, y enmedio de todo esto, me caigo por una ventana y me hago un enorme raspón. Supongo que era necesario que yo también tuviera algún tipo de dolencia física.
Día 1. Otra vez el día transcurre con Mateo en nuestro cuarto, muy tranquilito, comiendo mucho, cargado por más y más visitantes (Daniel, Raúl, Alex y Rafa, etc). Empezamos a conocerlo y a asombrarnos: está realmente bonito. Es decir, parece que no es sólo amor de padre, los amigos y las fotos nos lo confirman. Pero ¿qué es verdad y qué es ficción? ¿Cómo convencer a un padre aturdido por la aparición de un minúsculo ser que, indudablemente, tiene un aire como de familia y que lo mira a uno como diciendo "Cuídame, estoy muy pequeñito"?
Día 2. ¡Nos vamos a casa! Todos los preparativos nos distraen del verdadero sentido de lo que está ocurriendo: salimos dos, regresamos tres. No importa que nos acompañe una sinfónica en el viaje. En el fondo, lo maravillosamente aterrador es que ahora sí, no hay enfermeras que resuelvan las crisis y cuiden a Mateo durante las noches. Mateo es nuestro, como nuestra la responsabilidad. Pocos días después cambiaría un poco mi punto de vista al respecto.
Días 3, 4, 5. La primer noche en la casa, un pequeño desastre, porque mi inexperiencia para cambiar pañales resultó en residuos de caquita (no hallo otra palabra para nombrarla) que se quedaron en alguno de los varios escondrijos posibles. Resultado: una hora de nervios taladrados y llanto. Por fin, la madre experta pero recién operada entró al quite y se solucionó el problema. Padres estresados crían niños estresados. Jamás se me olvidará.
Estos primeros días difíciles en casa transcurren sin mayores contratiempos, por parte de Mateo. Como todavía no le baja la leche a Andrea, estamos alimentándolo exclusivamente con fórmula, y yo subo y bajo las escaleras de la casa unas 2,500 veces. Mateo está un poco estreñido y no sabemos aún si preocuparnos, y en cualquier caso nos aguantamos las ganas de llamar a la pediatra.
El día 3, por cierto, va la novia de Mateo a conocerlo. Sí, ¡Mateo tiene ya novia! Es la hija de unos queridísimos amigos del curso psicoprofiláctico (qué palabra más larga, nunca la había escrito), tiene 3 semanas más de vida que Mateíto y, por lo pronto, se ven como Demi Moore y Ashton Kutcher: ella, ya muy consciente del mundo, con los ojos muy abiertos; él, todavía aclimatándose al planeta Tierra. Fue una sorpresa bien agradable que quedó debidamente documentada en imágenes.
Día 6. ¡Ya le salió leche a Andrea! Justamente un día antes, en la noche, Andrea se lamentaba por la incertidumbre. Ahora sólo hace falta convencer a Mateo de que la tome, porque los primeros días lo intentó y terminó frustrándose. En los primeros intentos de amamantarlo, Mateo rechaza indignado el seno. Es un niño bien decidido y voluntarioso, ya lo vamos conociendo. Nos gusta así.
En otras noticias, Mateo ya está haciendo del baño correctamente. Hasta se me quita el asco del gusto.
Día 7. Una vez más se demuestra que el futuro está a cinco minutos. Mateo, en el enésimo intento, por fin logra tomar leche de Andrea. Es para ella un momento de realización: yo se lo noto en la mirada. Tranquilidad. Las cosas marchan.
Días 8 a 15. La vida de Mateo transcurre en tramos de tres a cuatro horas, entre dormir, comer, hacer sus necesidades, recibir un baño,.. Por cierto, esto último lo hago yo, en la regadera, y lo disfruto tanto que al terminar siempre le digo "¡Gracias, Mateo!".
Mientras tanto, vamos poco a poco encontrando una rutina: Andrea lo alimenta todo el día con leche materna, pero la despertada que cae a la mitad de la madrugada la resuelvo yo con fórmula. Resulta un éxito porque así Andrea puede dormir casi de corrido unas ocho horas. Ah, y yo sigo sin salir de casa ni usar el auto para nada. Gracias al internet, medio puedo mantenerme en contacto con clientes y compañeros de trabajo, pero la realidad es que invierto el 80% del tiempo de computadora en subir fotos y más fotos.
El día 15 fue sumamente difícil para Mateo, estuvo todo el día despertando intermitentemente, sus papás no sabíamos cómo resolverlo. Finalmente, quedaron algunas conclusiones: este es un niño demasiado ávido de alimento; su necesidad de succionar ocupa casi todo su día; estar sucio realmente le encabrona; todo lo anterior se resuelve eventualmente, con paciencia infinita.
Días 16 a 20. Mateo es todo un vago. A la fecha, ha salido de la casa tres veces en auto, dos en carreola, dos en rebozo. Como es natural, el movimiento de sus medios de transporte le produce sueño y casi no participa del paseo. Pero igual sus padres se sienten felices. Es particularmente bonito sentirse una familia. Suspiro. Snif, como diría ElHuevo.
Hay infinidad de cosas que estoy olvidando escribir. Pero es suficiente con lo que queda platicado, y afortunadamente en La Coctelera no cobran por longitud del post.
Una última aclaración: estos 20 días han sido intensos, los más intensos de mi vida. Y de la de Andrea. Y por supuesto, de la de Mateo. Pero no todos los posts siguientes serán así de descriptivos y largos. Lo prometo. Es que... tan sólo soy un padre primerizo.
servido por darius
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23 Octubre 2005
Este es mi hijo. Nació hace ya unos cuantos días, 9 para ser exactos. Desde el momento que nació -bueno, en realidad una o dos horas después-, he estado pensando en escribir mis emociones, en describir mis experiencias aquí en el blog. Sin embargo, por miedo o por cansancio no me había metido a LaCoctelera a hacerlo. No quería escribir algo simplón. Hoy me quedan aún unos cuantos minutos de fuerzas -es verdad todo lo que dicen sobre las desveladas y el cansancio de los primeros días- así que de una buena vez escribiré el primero de muchos posts sobre Mateo.
Para empezar, el angelito pesó 4.11 kg al nacer, cosa que para los entendidos significa cesárea segura. El miércoles 12 estuvimos Andrea y yo todo el día con la inducción -misoprostol- pero Mateo no llegó a encajar la cabecita. Cabezota, perdón. Y como ya tenía 41 semanas ahí dentro de la panza de Andrea, el doctor decidió ya no dejar necear a la naturaleza. Cosa que resultó muy sabia, al final, dado el niñote que estaba ahí dentro.
Ver nacer a Mateo fue una experiencia que me marcó para toda la vida. En cuanto asomó la cabeza, dije "¡Hey! ¡Esa cara yo la conozco!!" Y es que -pobrecito- es parecidísimo a mí. Ese fue el primer shock de muchos que vendrían en los siguientes quince minutos. Después, oírlo llorar, atragantándose el poco líquido que había aspirado, luego sentadito en la mesita donde lo pusieron, todo gris -me espanté y por un momento temí que algo andaba mal-, una vorágine de pensamientos venían a mí. Y digo pensamientos porque, debo confesar, reprimí cuanto pude mis sentimientos, y es que me sentía demasiado culpable de estar viviendo ese momento increíble sin Andrea -tuvieron que sedarla por completo, estaba muy nerviosa en el quirófano antes de que me dejaran entrar- y me dediqué principalmente a preocuparme por que todo estuviera bien, en vez de gozar y echar de gritos. Volteaba a ver a Andrea temiendo que algo nos saliera mal, que de un momento a otro alguien volteara a darme una mala noticia. Pensé: "¡Andrea, resiste, sin tí no puedo!" Pregunté al pediatra y al ginecólogo si mi hijo y esposa estaban bien, respectivamente, y los dos me dieron respuestas casi idénticas: Uf, qué va, está muy bien. No hay nada de qué preocuparse.
Uf. Tantas líneas escritas y sólo llevo cinco minutos de la vida de Mateo. En fin, tres momentos mágicos para mí a partir de ese momento y hasta que salí al mundo real: cuando pusieron a Mateo debajo del aparato ese que emite calorcito, porque pude acercarme más a él y decirle: "Mateo, hola, eres mi hijo. Soy tu papá. Eres mi hijo"; cuando abrieron la persiana del cunero y ví a mi familia del otro lado, todos felices, abrazándose y besándose, porque ví a mi cuñada Gaby llorar tan efusivamente que por fin me dí permiso de sentir la emoción y también me puse a llorar. El tercer momento mágico ocurrió cuando sacaron a Andrea de quirófano, toda lenta pero despierta, preguntando dónde estaba yo, cómo estaba todo, agradeciéndome por estar ahí, y yo le dije que Mateo estaba bien, que estaba hermoso, que estaba feliz.
Estos tres instantes me hicieron sentir cosas que nunca antes había sentido: tener un hijo, llorar de felicidad, y darme cuenta de cuánto necesito de Andrea para realizarme. En inglés existe una palabra exacta para resumir todo esto: humbling. Es decir, algo así como hacerte sentir humilde, pequeño. Supongo que quienes lean esto y sean padres habrán experimentado algo similar: te sientes mucho más frágil, porque te das cuenta de que a tu mundo acaba de nacerle una extensión, que quieres cuidar como a tu propia vida, pero estás lleno de incertidumbre y miedo. Y a la vez, te sientes más fuerte, respaldado, orgulloso, realizado. Qué cosas.
Para terminar este larguísimo post, unos apuntes rápidos:
- En verdad el instinto paternal es una cosa maravillosa. Ver a Mateo y Andrea tan necesitados de mi ayuda -él por lo chiquito, ella por la operación- me ha dado una fuerza que no sabía que tenía. Estoy feliz porque puedo decir con orgullo que creo que he empezado con el pie derecho el camino para ser un buen padre.
- Sin embargo, la apabullante realidad es que el rol de la madre es mucho más intenso que el del padre. Simplemente, tener un ser durante tantos meses ahí dentro, moviéndose y pateando, para luego alimentarlo con algo que sale de tu cuerpo, es incomparable. Para la madre y para el bebé. A ratos envidio a Andrea, y poco a poco voy entendiendo que, por mucho que me levante en las madrugadas a consolar o alimentar a Mateo, en esta etapa la importante es su mamá.
- A los que serán papás próximamente: todos te advierten hasta el cansancio que duermas bien antes del parto, que luego es bien difícil, que no sabes la que te espera... No los escuches. Sí es pesado, pero tratándose te tu hijo/a, las cosas cambian. Eso sí, cerciórate de estar bien asesorado por alguien que haya tenido hijos recientemente -a los abuelos les tocaron otras épocas muy distintas- porque salen un montón de dudas...
- Eventualmente, hay que admitirlo, la vida continúa. Todos me habían dicho que me iba a cambiar la vida, pero no me dijeron en qué sentido. Ahora lo sé. Es un poco como reformatear la máquina: cada cosa que haces, aunque la hayas hecho millones de veces, te la replanteas por un segundo: "¿está bien hacer esto? ¿por qué digo/reacciono/hago tal o cual cosa?". Al final, tristemente, es probable que vuelvas a hacer las cosas de la misma manera. Pero hay una posibilidad chiquita de que decidas que prefieres cambiar. En eso cambias. Y es algo que -no lo sé, lo imagino- sólo se siente tan intensamente con el primer hijo.
- Las pocas ocasiones que he salido solo a la calle, he sentido como si trajera un Aleph en el bolsillo. ¡Gracias, Andrea y Mateo!
En fin. Estoy feliz. Gracias a todos los que pusieron un comentario de apoyo en mis posts anteriores, cuando me carcomía la ansiedad. Espero no haber sido muy aburrido.
servido por darius
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6 Octubre 2005
Nunca había estado en una posición como en la que estoy ahora; nunca me había parecido tan patente que no tenemos ningún control sobre el futuro y que, me guste o no, nunca voy a poder conocerlo de antemano.
Ayer Andrea cumplió 40 semanas de embarazo. Me dirán que los embarazos de primerizas siempre se retrasan, que si todo el proceso ha sido normal no tiene por qué dejar de serlo, que la amiga de no-sé-quién también estaba así el día X y al día siguiente estaba pariendo...
Me dirán cualquiera de estas cosas, pero yo estoy ansioso. Mucho. Y es aquí que pienso "quién sabe; quizás estamos a 2 horas de que comience el trabajo de parto y nosotros ni enterados". Pero los últimos cinco días, unas dos veces por día, he estado secretamente convencido de que ahora sí ya empezó el trabajo de parto, o que en una hora más comenzará. Y ya me acostumbré a estar equivocado.
Muchos de nuestros amigos pronosticaban el 1o de octubre como fecha de nacimiento de Mateo. Cuando el sábado fue avanzando, lentamente, mi mente se dirigió a los que vaticinaron el 2 de octubre. "Ellos van a ser quienes tengan la razón; qué bárbaros, son unos brujos". Pero el 2 de octubre pasó sin mayores contratiempos. "¡El 3! ¡Excelente fecha!". Pero nada. Yo tenía la firme convicción de que Mateo nacería el 4, día en que se cumplirían las 40 semanas exactamente, y conforme a ello, me dediqué todo el día a simplemente dejarlo correr, fingiendo trabajar. Pero nada. Ahora estamos a 5 de octubre, es ya de noche, y no se ven aparecer síntomas que indiquen cualquier cercanía del parto. Claro, Andrea tiene algunas contracciones esporádicas, cólicos pequeños más o menos dolorosos, etc, pero todavía nada concreto.
Entonces, no sé. Ese es el aplastante veredicto. No recuerdo antes en mi vida haber tenido tal miedo a la incertidumbre. No soy más que un simple humano sin control sobre su futuro. Ya lo sabía, pero no lo había visto tan clara y dramáticamente.
Son las 10:36, y deseo con toda el alma que este sea mi último post antes de convertirme en padre.
servido por darius
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3 Octubre 2005
He estado desaparecido últimamente. Mi último post es del 22 de septiembre, hace 10 días. Las razones son dos y bien simples: la primera, el próximo nacimiento de Mateo (en cualquier momento ya, el martes Andrea cumple 40 semanas) y la segunda, supeditada a la primera, que la chamba ha estado en niveles nunca antes vistos, creo que este niño viene con baguette en vez de torta. He pensado en muchos, muchos temas para el blog, pero no he hallado el tiempo ni la calma para escribirlos. Esta próxima semana planeo hacer algunas contribuciones nuevas, si Mateo lo permite, y espero que esta que será una segunda etapa de Oiradarío (que me gustaría cambiara de nombre, pero crear palíndromos es bien difícil) pueda ser abordada con mucha más pasión y variedad, si es que cabe.
Quiero mencionar y agradecer a JAM, que con sus últimos comentarios me hizo sentir como perteneciente a una comunidad a la que, quizás por timidez o automenosprecio, pensaba que estaba reservada para otra clase de persona. Gracias de nuevo, JAM.
PD: En su último post, JAM escribió: "...logré visualizar una mujer mal escrita." Yo no tengo una lista de Top 10 como él, pero me encantaría leer un poema que empezara así...
servido por darius
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