En las últimas dos semanas, dos amigas muy queridas se separaron de sus parejas. Una está casada, la otra no, pero vivió con él durante siete años.
Los motivos de las separaciones fueron muy distintos. Lo que son muy parecidas son las circunstancias de ambas después de la separación. Ambas tienen la misma edad, son profesionistas pero no bien redituadas, y han tenido que salir de lo que hasta hace poco se llamaba hogar.

Mi consejo para las dos: la vida sigue. Nunca es mejor momento para volver a empezar que después de un terminar.

En el coche, venía pensando en esto cuando oí un poema de Sabina. Me pareció hermoso y desgarrador. Es un soneto, y se llama "Puntos suspensivos".

Lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el solo de pijamas con sordina,
la adrenalina en
camas separadas.
Lo malo del después son los despojos
que embalsaman los pájaros del sueño,
los teléfonos que hablan con los ojos
el sístole sin diástole ni dueño.
Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a galeras los archivos.

Lo atroz de la pasión es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le siguen dos puntos suspensivos.

Ánimo.