Divagación sobre la naturaleza humana I
Enrique Jardiel Poncela
¿Por qué será que lo que nos rodea directamente nos parece colorido/complicado/artístico/interesante, mientras lo que conocemos superficialmente lo despreciamos por simplón/aburrido/burdo? Hace unos meses estaba con un amigo que gusta del metal sinfónico (Nightwish, Therion, etc) en una tienda de discos, cuando ví el nuevo de The Thrills. Como me parece que son muy buenos, me arriesgué con mi amigo: "mira, escucha esto, a ver qué te parece". Previsiblemente, 8.4 segundos después me dijo con una mueca indeterminada que bien, que normal. Nada del otro mundo, "un típico pop con guitarrita". Y sin embargo, a mí los grupos que él escucha me parecen todos iguales.
Me parece que esto es parte de lo que se llama la Naturaleza humana, quizás está grabado en lo más profundo de la médula espinal, puesto ahí para mejorar la supervivencia; quizás es una órbita cerebral que sólo algunos pueden superar y apreciar propiamente lo que no es conocido. En cualquier caso, es una actitud bien común, que me hace preguntarme cómo le estarán haciendo los países europeos ahora que las fronteras parecen desvanecerse.
Quizás, si un derivado de esta actitud es el patrioterismo, es el porqué de mi falta de gusto por el fútbol, sobre todo si juega México. Y de otras cosas relacionadas. Pero me estoy yendo por las ramas (¿más?).
En fin. Lo que me trajo aquí fue una intención clara de poner mi mente en un estado de ánimo cosmopolita y dejar que lo extraño fluya en mí. Ah, ya lo empiezo a sentir: "...dale a tu cuerpo alegría Macarena..."


