No, no he recibido ninguna comisión suya. Tampoco estoy enamorado de él. Simplemente es demasiado. Ahora resulta que también es genio en el cuento corto. Su último artículo(*), titulado Ciento cincuenta de mortadela, consiste en diez historias cortas, cada una exactamente de ciento cincuenta palabras. Sin más preámbulo que una introducción a los protagonistas de cada uno, se lanza a contarnos sus cuentitos, cada uno englobando una realidad congruente, entendible, profunda, incluso dolorosa. En los comentarios del artículo nos explica Casciari un poco de su proceso creativo y sus obsesiones. Al ser inquirido sobre cómo hizo para ajustar exactamente a ciento cincuenta palabras cada cuento, dice:

Jugar a escribir un cuentito de 150 palabras es divertido, pero no tiene gracia si ponés frases para completar (a no ser que seas un escritor bilardista). Los escritores menottistas tratamos de escribir el cuento a ojo y, si nos pasamos de palabras, modificamos adverbios, eliminamos nexos coordinantes o compramos el partido contra Perú.

¡Bravo!
En los comentarios se hizo una pequeña guerrita para determinar qué cuento era el que más había gustado (¡incluso hubo quien dijo que alguno no le había gustado! ¡Ignorante! ¡Hereje!). El que más me llegó es el 8, el del perro. Sé que el 2 me va a revolotear por la cabeza durante meses; el 5 y 3 me parecen los más imaginativos, el 9 el más profundo, el 7 el más divertido. Pero el del perro queda en el corazón para siempre. Si fuera un poquitín más obsesivo, lo aprendería de memoria...

 


(*) En realidad, es el penúltimo. El último, sólo para demostrarnos que es humano, le quedó bastante malito...


PD. Un punto extra a quien me diga qué hace el dibujito de Kool-Aid ahí...