Del blog de Jason Kottke extraigo esta anécdota: jugando en línea, utilizó el seudónimo "jkottke", y más rápido que canta un gallo algunos otros jugadores utilizaron estos nicks:
jkottkesucks
kottkesucks
jkottkesucksass
ihatekottke
yes no one likes kottke

Jason se lo toma ligero, recordando la anécdota de la película "Being John Malkovich" (otra para la lista, se me olvidaba!) en la que Malkovich es abandonado en la carretera y un idiota anónimo que pasa en su coche le tira una lata vacía de cerveza mientras le grita: "¡Hey Malkovich, piensa rápido!"

- pausa para pensar -

¿Por qué es así la gente? Me parece que es más fácil agredir cuando se puede hacer anónimamente; estoy seguro de que esos mismos idiotas que se firmaban como "jkottkesucks" le harían nerviosas reverencias si se los presentaran en un congreso, o si tuvieran que hacerle una presentación...
O por otro lado, ¿será este un comportamiento típico de ciertos países? Porque en México, me parece más probable que, si alguien se topa con Joaquín López Dóriga en la carretera, por mucho que lo aborrezca le ofrecería ayuda y hasta le daría un aventón, ¿no creen?
Entonces ya no sé en qué quedamos. Está claro que la reacción ante las celebridades es extrema, sea hacia el lado del repudio o hacia la adoración, y casi nadie está exento de ello... Y para aumentar mi confusión, está el factor masas: siempre es más fácil aventar la piedra y esconder la mano si hay 200 personas con sus 400 manos para confundir al enemigo...
Me vienen a la mente una frase atribuida a Henry Kissinger, que dice "lo bueno de ser famoso es que, si estás con otra persona y los dos se aburren, el otro piensa que es por su culpa".
O también, como en la película The Inner Circle, cuando el protagonista, un oficial cualquiera de la KGB, conoce a Stalin, temblando le dice que está muy nervioso por conocerlo, y Stalin replica "¿Por qué? Yo tampoco te conocía y no me siento nervioso". Y la camarilla del dictador se ríe como si hubiera escuchado el mejor chiste de la historia...